martes, febrero 20, 2007

HERMINIA



Al fin, después de tantos años, Herminia había conseguido entrar en ese garito de moda con el que llevaba soñando entrar desde que tenía 16 años. Solo podía pensar en sus amigas del pueblo y de cómo se morirían de envidia al ver sus flayers y el sello de su mano. Ya tenia pensado como no lavársela y que su madre no se diera cuenta durante las dos semanas que faltaban para el viaje al pueblo… mama me quemaron con un cigarrillo.

Fue entonces cuando se dio cuenta que lo único que diferenciaba ese garito de los demás era que el garrafón te lo servían más caro y que el DJ era un famosote de última hora que dejaba mucho que desear tanto a los platos como en persona.

Su decepción fue enorme, pero seguiría con el plan; esas paletas se merecían sentirse inferiores.

Y de repente, así sin venir a cuento, le vino un retortijón. Corrió al baño pero la cola de cocainómanos superaba con creces todas las que había presenciado hasta la fecha.
Saco un cigarrillo de su bolso y lo encendió mientras por su frente el sudor frió la refrescaba del asfixiante calor del garito.

Como la dolía el esfínter. Los cocainómanos la miraban y comentaban entre ellos el mono que debía de estar pasando la pobre, pero ninguno quería perder su turno en la fila hacia las filas.

Esa noche todos los famosos de la ciudad esnifaron fuerte en ese baño su preciada falsa euforia y de regalo el olor del pútrido desencanto del intestino de Herminia.

1 comentario:

troshinsky dijo...

Cabronazo, luego te quejas! esa historia es para un tebeo, hombre!